Diez años después del momento más crítico de la crisis, la institución atravesaba una realidad profundamente distinta. Las reformas edilicias emprendidas desde finales de la década pasada, junto con la reorganización de la propuesta educativa, comenzaron a transformar de forma sostenida la vida cotidiana del colegio y su vínculo con la comunidad. Este proceso marcó un punto de inflexión en la historia reciente de Fátima. Por primera vez desde la culminación del edificio principal en 1959, la institución volvía a proyectar obras de gran alcance orientadas específicamente a mejorar las condiciones de enseñanza y acompañar una estrategia de crecimiento a largo plazo.
Los resultados fueron visibles en todos los niveles. Inicial, que había logrado consolidar un espacio propio, pasó de 28 a 136 alumnos en 2013. En primaria, la liberación y reorganización de aulas permitió ampliar grupos y acompañar el crecimiento de la matrícula. Secundaria completó progresivamente todo el trayecto educativo, objetivo alcanzado en 2012, consolidando una propuesta integral. En este contexto, la matrícula total superó ampliamente los 600 estudiantes para 2012 y alcanzó los 914 alumnos en 2017, la cifra más alta registrada hasta entonces por la institución.
Este crecimiento expresó el cierre de una larga etapa marcada por la conservación y la supervivencia cotidiana y el comienzo de un nuevo ciclo institucional caracterizado por la planificación, la inversión y la capacidad de proyectarse a futuro. Al mismo tiempo, en 2017 se consolidó un nuevo formato de conducción institucional que, con variaciones, continúa vigente hasta la actualidad. El equipo quedó integrado por el representante legal claretiano, una dirección de secundaria y bachillerato, una dirección de primaria, una vicedirección y una coordinación pastoral, configurando una forma de trabajo más colegiada y articulada. La diferenciación de roles permitió acompañar la creciente complejidad de la institución y dar continuidad al proyecto común.
El colegio volvía así a pensarse desde la expansión y no desde la resistencia a desaparecer, recuperando la capacidad de imaginar transformaciones profundas y de construir horizontes de largo plazo para su comunidad educativa.