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A mediados de 1984 se tomó la decisión desde la provincia de no abrir el Colegio Claret (ubicado en Inca 1840, esquina Pagola) de cara a 1985 en consecuencia de la baja matrícula, que proyectaba la incapacidad de poder corresponder a los pagos pendientes del colegio.

El Uruguay se encontraba en una recesión económica sostenida que estalló en una crisis en 1983 que disparó la inflación muy por encima de lo previsto. En este sentido, el costo de vida en Uruguay se encareció considerablemente, por lo que muchas familias optaron por dejar los colegios privados (que incluso antes de la crisis se les dificultaba sobrevivir) para concurrir a la educación pública.

Esta coyuntura sentenció el cierre del Colegio Claret, aunque también refleja la realidad del colegio Fátima: de 571 que integraban la matrícula de 1971, se disminuyó a 303 en 1983. También, hay que tener en cuenta que los costos golpearon más en los colegios claretianos a medida que el proceso de laicización marcaba que el peso de la docencia recayera cada vez más en profesionales laicos que en ordenado, por lo que no solamente se debía cumplir con los pagos con una menor ingreso, sino que también se debía abonar más en sueldos y honorarios.