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Tras la pandemia de COVID-19, la institución reconoció la necesidad de iniciar un nuevo período de renovación, en sintonía con los desafíos pedagógicos contemporáneos y los lineamientos congregacionales. Este proceso implicó no solo una adaptación a las nuevas condiciones educativas, sino también una oportunidad para repensar el proyecto institucional en su conjunto.

En este marco, se optó por conformar grupos más reducidos, orientados a alcanzar un equilibrio entre el uso del espacio, la sociabilidad y la calidad pedagógica. Asimismo, en 2023 se proyectó la creación de un nuevo espacio adjunto en las inmediaciones del colegio —el Espacio Claret—, destinado a cubrir una necesidad histórica del nivel secundario: contar con un gimnasio propio.

Ese mismo año se dio inicio a la redacción colectiva de un Proyecto Educativo Institucional, concebido como guía para el período 2025–2030. Este proceso buscó consolidar una institución más ordenada y transparente, con roles claramente definidos y con el bienestar del niño, del adolescente y del joven como eje central.

Esta renovación se expresó también en una nueva etapa de inversiones edilicias orientadas a mejorar la calidad de la experiencia educativa. Entre las principales intervenciones se destacan la renovación integral del nivel inicial, la mejora del campo deportivo, la puesta en valor de la Casa Fragua en Progreso —casa de retiros claretiana cuya gestión fue asumida por Fátima en ese mismo año— y la instalación de paneles solares en la azotea, entre otras.

Estas transformaciones responden a una concepción pedagógica que promueve el aprovechamiento integral de los espacios disponibles, entendiendo que el proceso educativo trasciende el aula y se construye también en ámbitos recreativos, deportivos y pastorales. En este sentido, se fortaleció la idea de una institución en movimiento, abierta a la experiencia y al encuentro.

Como expresión concreta de esta lógica, se incorporó el ómnibus institucional —el “Fatibus”—, concebido como un recurso clave para articular los distintos espacios educativos y potenciar una propuesta formativa que integra territorio, comunidad y aprendizaje. De este modo, la renovación institucional no solo redefinió estructuras y espacios, sino también la forma en que la comunidad educativa habita y proyecta su identidad.