Hacia 1981 se finalizó la construcción del nuevo templo destinado a la parroquia de Nuestra Señora de Fátima acorde con los planos aprobados en 1971. El proyecto fue financiado en gran medida por los aportes voluntarios de los fieles y de la comunidad fatimeña construida alrededor del Colegio.
Se apeló a las actividades recaudatorias, como kermesses, bingos y festejos, cuya organización no era únicamente responsabilidad de los padres de aquel momento, sino que participaban familias vinculadas a la comunidad en las tareas de preparar los stands, conseguir los materiales, etc. La finalidad de esta recaudación era cubrir los costos de los materiales, por lo que el riesgo de una mala jornada era la detención temporal de las obras. Sin embargo, gracias al compromiso comunitario el proceso de la construcción del templo no mayores demoras.
El trabajo conjunto, la solidaridad de la comunidad y la entrega a la causa reflejaron un sentido comunitario de Fátima que fue motivo de orgullo para sus integrantes. Si dentro de las aulas los vínculos eran verticales (alumno – docente – director) en la recaudación las relaciones dentro de la comunidad se horizontalizaban y se estrechaban los lazos que constituían al colegio. El liderazgo de los padres referentes de este periodo fue clave en este proceso, especialmente destacado el padre Froilán Faguaga.