El 2 de mayo de 1955 comienzan las clases del primer año del Colegio Fátima. Un inicio tardío, debido al brote de polio que había ocurrido en el verano, pero que ya se encontraba controlado. Los cursos comenzaron con un saldo de 88 estudiantes, con estudiantes de jardinera hasta 4° de escuela. Todos varones, pues el colegio no admitían (aún) niñas (1). Varios alumnos concurrían en el régimen de semipupilo: asistían a las clases curriculares, pero además participaban en actividades extracurriculares (deportes, inglés, catequismo), además de tener la instancia de «estudio vigilado», en donde los maestros controlaban que los estudiantes repasaran e hicieran las tareas domiciliarias.
El edificio incluía, además de ocho aulas, un cine, una cancha de fútbol y un patio de juegos. La vida en comunidad se manifestaba explícitamente, ya que el plantel docente estaba conformado en su mayor parte por sacerdotes provenientes de distintas obras de la provincia. Ellos eran educadores pedagogos y al mismo tiempo pastores espirituales, convirtiéndose en los hechores de los sueños provinciales en las aulas y los confesionarios.
Polio: En la década de 1950 el país se vio afectado por varios brotes de poliomielitis que generaron preocupación en la población, especialmente entre las familias con niños en edad escolar. Las medidas preventivas adoptadas, que incluyeron restricciones en la vida social y educativa, impactaron en la dinámica cotidiana de las instituciones, reflejando la vulnerabilidad de la vida escolar frente a las crisis sanitarias de la época.
Educación en la década de 1950:
(1): G. Alonso, 173. Existió la opción de, junto a las Misioneras Claretianas, abrir en la tarde una escuela para niñas, pero fue descartada.