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La consolidación definitiva de la obra claretiana en el barrio La Comercial de Montevideo comenzó en 1915, cuando los misioneros aceptaron la donación de un terreno con una pequeña capilla en la calle Inca por parte de la Srta. Juanita Bottaro, quien posteriormente amplió su oferta hasta la calle Pagola. Bajo la dirección de Carlos Cetrini, la construcción de la residencia se llevó a cabo entre agosto de 1921 y octubre de 1923, concretándose el traslado de la comunidad el 24 de octubre de ese último año. Posteriormente, se inició el proyecto del templo (1924-1931) con planos del arquitecto Rómulo Ayerza; la colocación de la primera piedra se celebró el 9 de septiembre de 1924 con un discurso del poeta Juan Zorrilla de San Martín, comenzando formalmente las obras el 24 de octubre de ese año. El edificio, inspirado en el estilo románico del sur de Francia, fue decorado con vitrales de Innsbruck (Austria) y una imagen del Corazón de María de los Talleres Reixach de Barcelona. Finalmente, el santuario fue bendecido solemnemente el 22 de agosto de 1931 por el arzobispo Juan F. Aragone
La obra en el barrio La Comercial representó un hito de resistencia católica frente al laicismo militante del Montevideo de principios del siglo XX. Tras recibir el terreno en 1915, la comunidad inauguró su residencia definitiva en octubre de 1923. La construcción del santuario, proyectado por el arquitecto Rómulo Ayerza en estilo románico francés, se extendió entre 1924 y 1931; su primera piedra fue colocada en un acto solemne que incluyó un discurso del poeta Juan Zorrilla de San Martín.
Más allá de su valor arquitectónico y sus vitrales de Innsbruck, el templo se consolidó como un motor de identidad y solidaridad social. Eventos como la «Comunión de los mil» en 1931 demostraron la vitalidad de la fe en el barrio, pero fue la llegada de la imagen de San Pancracio en 1933 lo que transformó el lugar en un centro de piedad popular masiva que hoy congrega a más de 20.000 fieles cada mes. Esta devoción sustenta una red asistencial tangible, incluyendo la Policlínica San Pancracio, el comedor «Maciel» y la distribución mensual de canastas de alimentos a cientos de familias necesitadas
La consolidación de la obra en el barrio La Comercial comenzó en 1915 con la donación del terreno en la calle Inca, donde la comunidad se instaló definitivamente en octubre de 1923. En 1931 se bendijo el Santuario del Inmaculado Corazón de María, un edificio de inspiración románica francesa que se transformó en el epicentro de un vibrante movimiento de fe y servicio. Con la llegada de la imagen de San Pancracio en 1933, el templo —conocido popularmente por el nombre del santo— se convirtió en un referente nacional de piedad popular, donde la fe se traduce en solidaridad tangible. Esta obra ha logrado una profunda integración barrial, no solo mediante la formación cultural en el Centro Pérez Castellano, sino a través de una red asistencial que perdura hasta hoy, incluyendo la Policlínica San Pancracio, el Comedor Maciel y la distribución constante de alimentos a familias necesitadas, consolidando un legado de servicio y encuentro comunitario
La consolidación de la obra en el barrio La Comercial alcanzó un hito administrativo fundamental en 1925 cuando, bajo el impulso organizativo del Codex Iuris Additicii (CIA) —código interno que exigía una estructura legal sólida para la gestión de propiedades—, se formalizó en Uruguay la Asociación Hijos del Inmaculado Corazón de María con personería jurídica reconocida. Este respaldo legal fue clave para la comunidad instalada en la calle Inca desde 1923, facilitando la construcción y administración del predio donde se inauguró el Santuario del Inmaculado Corazón de María en 1931. El templo, de inspiración románica francesa, se transformó en un epicentro de identidad barrial y servicio; con la llegada de la imagen de San Pancracio en 1933, la obra se convirtió en un referente nacional de fe y solidaridad tangible, sosteniendo servicios permanentes como la Policlínica San Pancracio, el Comedor Maciel y una red de distribución de alimentos que beneficia a cientos de familias