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Desde 1901 se realizaron varias actividades de predicación en Uruguay sin el establecimiento de obras permanentes en el territorio. Desde Montevideo la Iglesia invitaba a los claretianos a asentarse de forma definitiva en el país para contribuir con la presencia católica hacia dentro.
De esta forma la comunidad tomó posesión efectiva de su primera residencia en el barrio de Peñarol, de unos 4.000 habitantes y estrechamente vinculado con el sector ferroviario, estableciéndose así en la Capilla de San Alberto el 4 de marzo de 1908. Debido a la incomodidad que suponía el traslado constante desde Peñarol hacia el centro de la ciudad y hacia el interior del país, los misioneros buscaron una sede en el centro. Las Religiosas del Buen Pastor ofrecieron la casita disponible en su asilo en las calles Defensa y La Paz, en el barrio La Comercial.